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El hallazgo de las joyas escondidas. Cap. 8. Las galerías de los libros. Primera parte.

 

El hallazgo de las joyas escondidas. Cap. 8. Las galerías de los libros. Primera parte.

 

Ilustración de Jesús Delgado

Leo ya sabe leer el plano, como Lucía y Manuel, y está muy orgulloso. Están buscando un arca que le hermano de la biblioteca ha encargado al hermano carpintero. Tiene que ser fuerte para guardar las joyas. En la última carta que han encontrado se recordaba que CAVE CANEM es la señal secreta, de la Hermandad de los Gatos, guía de las misiones especiales. Pero, ¿dónde estará el arca? Seguramente muy bien guardada. No lo saben y es lo que quieren encontrar. Miran atentamente el plano buscando CAVE CANEM III. Leo se da cuenta de que tiene que estar por las galerías de los libros, por donde hacen la ronda todas las noches. Está muy contento con su descubrimiento.

 

Ilustración de Jesús Delgado

Al día siguiente:

Timo llegó pronto a la palmera y me llamó: dos silbiditos largos y uno corto.

—Hemos descifrado una carta, Timo, y tenemos un plano nuevo. Hay una cosa que te interesa: aparece la señal de los Guardianes de la Noche.

 —¿La piedra de los sabuesos con las patas en alto?

 —Sí, esa. Ya sabes que a mí no me gusta mucho. Está en el plano y es una pista.

—¿Una pista para encontrar huesos?

—No, Timo, no, para encontrar huesos no, para encontrar las joyas.

Timo se quedó callado. Seguro que le gustaban más los huesos que las joyas, como a mí más las tontonas que los colgantes aquellos como el de mi abuela.

—Vamos a buscar una pista por las galerías de libros, por donde voy con mi padre todas las noches, por si hay ratillas escondidas. Ya sabes que tenemos la misión de proteger el gran edificio, pero, sobre todo, cuidar los libros de las tontonas.

Timo se arma un poco de lío con lo que le cuenta Leo, pero entiende muy bien la misión que tiene la familia de los gatos de proteger el gran edificio y, sobre todo, de cuidar los libros de las tontonas. Ya sabemos que los sabuesos también salen por la noche para ver si todo está en orden. Son los Guardianes de la Noche.

Cuando llegan Manuel y Lucía de las colonias, Leo les dice que sabe dónde está CAVE CANEM III y que él les llevará.

 

Ilustración de Jesús Delgado

Nos pusimos en fila. Lo más difícil era pasar por donde están los estudiantes. No por ellos, que no se fijan nunca en nosotros, sino por los de mantenimiento…, que si nos ven nos lanzan escobazos.

Entramos por un sitio que solo mi padre y yo conocíamos.

—¡Cuántos libros! —exclamó Lucía.

Había un montón de estanterías llenas de libros.  Todas estaban ordenadas en los pasillos donde nunca se veía el final. Empezamos a recorrerlos y, a medida que avanzábamos, se iba haciendo más oscuro.

—Leo, no hay apenas luz —dijo Manuel.

 —No te preocupes, mis ojos hacen de linterna.

—Pero si yo tengo una… Manuel la encendió. Marchábamos en fila. Timo iba el último.

—Por aquí estará el cuarto del hermano de la biblioteca, aunque este sótano está muy oscuro. Quizá esté más arriba —dijo Manuel.

—¿Quién es ese señor? —preguntó Timo.

—No lo sabemos muy bien —contestó Manuel—, pero es el que ayuda al padre bibliotecario.

—Anda, ¿cómo sabéis eso? —pregunté yo.

 —Sí, Leo, ¿no te acuerdas de la carta que leímos cuando encontramos el libro escondido? Escribía el hermano de la biblioteca a su hermano y le explicaba la señal de: «¡Cave canem! ¡Cuidado con el perro!».

Ilustración de Jesús Delgado

Leo les conduce por un lugar que él conoce muy bien porque todos los días va allí con su padre haciendo la ronda. Se trata de las galerías de los libros donde están ordenados y guardados. ¿Has visto alguna vez galerías de libros como las que ven nuestros amigos? Es impresionante ver todas las filas de estantes perfectamente dispuestos, en los que los libros están clasificados para que se puedan encontrar fácilmente. Todas las grandes bibliotecas tienen depósitos donde guardan los libros que se utilizan menos. Nuestros amigos las recorren y casi tienen un poco de miedo porque está oscuro y los pasillos son muy largos. Leo los tranquiliza.

—Ya estamos llegando, tranquilas, que ahora empezaremos a subir.

Efectivamente al poco rato se escucharon unas voces. Había más luz y la claridad iluminaba los pasillos con estanterías. Teníamos que ir con más cautela por si venía alguien a buscar libros. En esas estábamos, ya todos más tranquilos, cuando nos dimos cuenta de que unas personas se acercaban y hablaban cerca.

—¡Cuidado! —dijo Manuel—. ¡Quietos!

Recogieron unos libros y se marcharon enseguida. —¡Mirad, allí! —dijo Lucía, indicando con el dedo una pequeña habitación en el fondo del corredor.

Lo había visto al vuelo: ¡CAVE CANEM!

¿Qué habrán encontrado? ¿Qué indicará el letrero de ¡CAVE CANEM!? ¿Será CAVE CANEM III?

¡Hasta el próximo día!

 

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