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El hallazgo de las joyas escondidas. Cap.3. Un nuevo misterio. Segunda parte

 

 

El hallazgo de las joyas escondidas. Un nuevo misterio. Segunda parte

Ilustración de Jesús Delgado

Leo tiene un buen lío de palabras en su cabeza. Su abuela le enseñó a leer, pero, como es un poco vago, se le ha olvidado. Le gusta mucho más salir a cazar ratillas. La abuela de Leo no quiere que sea un gato vulgar; por eso eligió bien su nombre. Así lo cuenta Leo en El secreto de cave canem:

Ilustración de Jesús Delgado

Cuando nací mi madre quería llamarme Picolino. Decía que mi hocico era muy pequeño y que seguramente tendría muy buen olfato. Pero mi abuela se opuso; dijo que de ninguna manera me podía poner ese nombre tan vulgar como si fuera un gato callejero. Así que se propuso buscar uno apropiado. Estuvo unos días paseándose por los libros, mirando y mirando hasta encontrar el nombre. Lo encontró en un libro que tenía muchos dibujos y que hablaba de un señor inventor que se llamaba Leonardo. A mi abuela le encantó: sonaba muy bien y algo le hacía suponer que al ponerme ese nombre yo iba a ser tan importante como aquel señor.

La abuela se refiere a Leonardo da Vinci, un artista italiano, que fue también un gran inventor. Seguro que tú ya lo conoces. La abuela pensaba que con ese nombre tan “rimbobante”, como dice Leo, sería un gato elegante y culto. Por eso le enseña solfeo y también a leer. Pero a Leo no le interesan mucho esas cosas y prefiere las aventuras.

En el rollo que han encontrado, el hermano cocinero habla de una llave y de joyas escondidas. Pero, ¿qué son joyas? Clarita enseguida se acuerda de que su abuela tiene una en un collar.

 

Ilustración de Jesús Delgado. La joya de la abuela

—Ahora dice:«La llave de las joyas escon…». Eso es fácil, escondidas. ¡Joyas escondidas!

—¿Qué son joyas? —pregunté.

Clarita se adelantó.

 —La abuela tiene una en su collar. ¿No la has visto, Leo? Dice que es una joya muy valiosa y vino de Francia.

Eso lo entienden, pero la carta no dice dónde está guardada la llave de las joyas.

No sé si entendía muy bien qué era aquello del collar de mi abuela.

—Sigue, Manuel.

—«Está bien guardada en…» ¡Vaya, no sabemos dónde está guardada! Debía ponerlo, pero resulta que el papel está comido. Seguro que han sido tus amigas las tontonas, Leo. «Cave canem es la señal…». Tampoco se puede leer, pero eso sí que lo sabemos. Cave canem es la señal cuando hay algo que esconder.

—La clave —añadió Lucía, muy segura. ¿Ahora qué señal? —me preguntaba yo. Joyas, llave, Cave canem… ¡Uf, qué lío!

—¿Vosotros lo entendéis? —les pregunté a los dos.

—Algo sí, Leo. Quiere decir que hay otro tesoro escondido y el cocinero guarda la llave.

—¿Pero qué tesoro?

—Las joyas, Leo —contestó Clarita—. Pues no es tan difícil. Ya estaba la sabionda de mi hermana.

—¿Y dónde está la llave?

No lo saben, claro. Es lo que tienen que buscar. Como el hermano cocinero está enfermo, piensan que puede estar en la enfermería. Ya conocen ese lugar que a Leo le da mucho miedo. Sacan el plano y lo buscan.

El próximo día irán a la vieja enfermería. ¿Encontrarán alguna pista allí?

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