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El hallazgo del tesoro y la postal del P. bibliotecario

El hallazgo del tesoro y la postal del P. bibliotecario

 

Nuestros amigos se han equivocado de ruta buscando CAVE CANEM IV. No lo han encontrado subiendo al tejado. Manuel ha reflexionado y ha llegado a la conclusión de que CAVE CANEM IV tiene que estar cerca del túnel de la gran cacería, abajo y no arriba. Al día siguiente de la visita a la biblioteca, todos se encaminan por la dirección que apunta Manuel.

Pero por allí teníamos un gran problema, porque había una señora todo el día, atendiendo el teléfono.

—Tenemos que pasar uno a uno sin que nos vea; pasad como nosotros, a gatas, ¿no lo llamáis así?

Manuel y Lucía se rieron. Eso hicimos, pero cuando iba a pasar Timo, que iba el último, se armó la revolución.

—¡Un perro! ¡Fuera, fuera! Voy a llamar a los de mantenimiento.

La voz de aquella señora sonaba muy mal. ¿Quiénes serían esos?, ¿los de la perrera? ¡Ay, pobre Timo, —pensé— como nos cacen estamos perdidos! Pero la señora era mucho más lenta que nosotros.

 

Ilustración de Jesús Delgado

Consiguen pasar rápidamente y desaparecen de la vista de la persona que cuida el teléfono. Leo les lleva a otro escondite que él se conoce por allí. Todo está oscuro. Leo va el primero y de pronto:

 

—¡Ay, ay…!

—¿Qué pasa, Leo?

Me había dado un golpe gordísimo; el suelo se había abierto bajo mis patas y me había caído a un pozo, o eso creí.

Al momento, todas las caritas de mis amigos se acercaron al agujero que yo había hecho y me miraban desde el techo.

—¿Dónde estás?

—No lo sé; no veo nada.

Es un pozo.

— Leo —dijo Clarita—,mira bien.

Mi abuela y mi madre siempre dicen que nuestros ojos son linternas y que tenemos que saber utilizarlos.

Me repuse un poco del susto y entonces miré, como había sugerido Clarita. No era un pozo, no; era una habitación con una cama.

—¿Qué hay ahí? —preguntó Manuel.

—Una cama y una escalera.

—¡Una escalera y tú te has caído por el agujero!

Clarita se ríe un poco de Leo. Se llevan muy bien, pero como todos los hermanos se hacen rabiar muchas veces. Timo da un salto hasta donde está Leo y entre los dos se las arreglan para colocar la escalera en el agujero y de esa forma facilitar que bajen Manuel y Lucía. El cuarto es antiguo y muy pronto ven la señal en una estantería:

 

—¡CAVE CANEM! —dijimos todos a la vez.

Allí estaba la señal que estábamos buscando. Nos pusimos muy contentos.

La estantería estaba un poco alta, pero teníamos la escalera. Manuel se subió.

—¿Qué es?, ¿qué es? —preguntó Lucía impaciente.

—¡Es una caja!

Efectivamente era una caja de madera, muy tosca, hecha con unas tablas. Fuera, en un lateral, estaba la señal. Era una postal como las que se mandan cuando se va de viaje. Estaba escrita.

Ilustración de Jesús Delgado

 

La postal está escrita por el P. bibliotecario. Todavía no saben interpretar la P. Muy pronto les van a explicar que la P. indica que es un padre jesuita. Le explica al hermano portero la imagen de cave canem, que tú conoces muy bien. Esta imagen es un signo, una señal de reconocimiento.

 

Ahora te toca a ti: 

En la postal, el P. bibliotecario le dice al hermano portero que cuide algo con la señal de CAVE CANEM. ¿Qué es? 

 

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