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Una pista nueva

 

UN PISTA NUEVA

Ilustración de Jesús Delgado

Leo se acuesta en su rincón después de la inspección de las galerías y se queda pensando por dónde podrán seguir para buscar el tesoro. La salida al monte no les ha ido nada bien, porque Manuel se ha caído a un agujero y todos se han llenado de barro. Además hasta las tontonas se han escabullido y no ha podido cazar nada, así que se ha ido a la cama sin comer y tiene hambre. A la mañana siguiente Manuel y Lucía llegan a su casa con una idea que a Leo le gusta mucho más que la salida al monte:

—Leo, podemos preguntarle a tu abuela por la huerta. Quizá ella sepa dónde está. En la huerta estará el hortelano y el hermano hortelano ha escondido el cáliz, como dice la carta que encontramos en la enfermería.

Esa idea me gustó mucho más que la del día anterior. Fui a llamar a mi abuela.

—Abuela, abuela, están aquí nuestros amigos, Manuel y Lucía.

—¡Oh, los niños educados! Pasad, pasad, ¿queréis un tazón de leche?

—No, muchas gracias —le contestó Lucía—, ya hemos desayunado.

—¿Habéis venido a clase?

—Bueno, no son clases, son unas colonias de verano.

—Ah, de eso no había escuchado yo nada…—se quedó pensativa—. También vosotros, Leonardo y Marie Claire, podíais ir.

Ya estaba mi abuela haciendo planes para que fuéramos unos gatos educados como ella dice. ¡Qué pesada se pone!

La abuela quiere que sean unos gatos educados, pero Leo no quiere saber nada de todo eso y solo le gustan la caza y las aventuras. Clarita le pregunta por la huerta:

Ilustración de Jesús Delgado

—Abuela —intervino mi hermana—, ¿tú sabes dónde hay una huerta?

—¿Una huerta? Se quedó pensativa. Claro que lo sé. No voy por allí hace mucho tiempo porque no quiero verlo.

—¿A quién, abuela?

—A ese maleducado y gruñón…

La cosa se ponía fea. Seguro que estaba pensando en el abuelo de los sabuesos.

—¿Está donde viven los sabuesos?

—¡No los nombres, Marie Claire! Ya os he dicho que no quiero que vayáis por el monte, ni mucho menos por donde está ese indeseable.

Nosotros tenemos que cumplir la misión que nos ha sido encomendada, aquí, en el gran edificio. Es nuestra misión y es un honor realizarla todas las noches.

¡Vaya, la abuela ha llegado a la misión! Vosotros ya sabéis que la familia de los gatos cree que tiene en exclusiva la misión de cuidar y proteger la Universidad. Por eso la abuela se enfada cada vez que Leo o Clarita le hablan de los sabuesos.

—Sí, sí abuela, tranquila. Ya lo hacemos. Pero ellos también dicen que tienen un encargo que cumplir y que son los Guardianes de la Noche del Gran Edificio.

—¡Marie Claire y Leonardo, escuchadme bien, cómo os vuelva a oír eso, no os dejaré salir y os quedaréis aquí con las hermanas pequeñas! ¿Me habéis entendido?

Mi abuela estaba tan enfadada que se había olvidado de que Manuel y Lucía estaban allí.

Los sabuesos y los gatos tienen misiones complementarias: los primeros cuidan el gran edificio por la noche para que no entren ladrones. Lo hacen por el exterior, recorriendo los jardines. La hermandad de gatos protege especialmente los libros. Es la encargada de recorrer la biblioteca y las inmensas galerías de libros que llegan hasta el sótano.

A Clarita, con una buena intuición, se le ocurre preguntar a su abuela por su estancia en Francia. La abuela se pone muy contenta y empieza a contarles que nació en París y allí se educó. Será una buena pista porque ella habla del viaje de sus abuelos y se dan cuenta de que también en las cartas se habla del viaje. ¿Será el mismo viaje?

Manuel y Lucía se están despidiendo cuando Lucía pregunta a la abuela si siempre habían vivido en aquella casa.

Ilustración de Jesús Delgado

—No, antes vivimos en otra. Nos mudamos para estar más cerca de los libros. Aquella era muy belle —o algo así que yo no entendí y que debía ser francés—, pero estaba marcada por una piedra con esos indeseables y cuando ocurrió la gran pelea, nos marchamos —dijo frunciendo el ceño.

Las dos orejas se me pusieron tiesas. ¿Qué estaba diciendo mi abuela? ¡Marcada por una piedra con esos indeseables! Manuel y Lucía nos miraron. No se les había escapado. Se despidieron de ella y salimos de nuestra casa.

—¿Habéis oído? ¡Esos indeseables deben ser los sabuesos! Entonces, es la señal que dijo el abuelo —concluyó Manuel.

Yo tenía ganas de dar vueltas y vueltas, como hago cuando me pongo contento. Lucía y Manuel querían ir corriendo a la casa que decía la abuela; pero había un problema: ¿Dónde estaba?

—No sabemos dónde estaba la casa —dijo Lucía, un poco desilusionada.

—Eso es más fácil. Yo se lo preguntaré —dijo mi hermana Clarita.

Nuestros amigos están a punto de descubrir dónde está la piedra de los sabuesos que guarda el tesoro. ¡Tenemos que esperar hasta el próximo día!

 

Ahora te toca a ti: ¿Por qué están a punto de encontrar el tesoro?

 

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