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El hallazgo de las joyas escondidas. Cap. 10. El rescate de Timo y algo más

 

El hallazgo de las joyas escondidas. Cap. 10. El rescate de Timo y algo más

En el Paraninfo de la universidad. Ilustración de Jesús Delgado

El pobre Timo está prisionero. Todos están muy preocupados, acordándose de su amigo encerrado, sin huesos y sin agua. Leo y Clarita esperan con ansiedad a Manuel y Lucía, confiando en que ellos pensarán algo para encontrarlo y rescatarlo. En cuanto llegan, se ponen en marcha y vuelven al lugar donde atraparon a Timo.

Nos metimos por el pasillo. Casi no había luz y no nos atrevimos a encender la linterna de Manuel por si las moscas.

—Voy a hacer la contraseña que tengo con Timo. A ver si él me contesta.

Lancé mi maullido y escuché. Yo quería oír dos silbiditos largos y uno corto, que es la contraseña que tenemos los dos. Pero nada. Silencio.

—Avancemos un poco más —dijo Manuel—, aquí no hay nadie que nos impida el paso. Todo estaba revuelto, con maderas, arena y cachivaches para la obra. El pasillo terminaba en un sótano muy grande que estaba lleno de trastos.

—¡Puf, mirad, parecen escenarios!

—¿Qué es eso, Lucía?

 —Es para hacer teatro; se ponen para ambientar la escena. Nosotros vamos algunas veces a la ópera para niños y lo vemos. En el escenario puede haber árboles, casas u otros objetos. Mira allí, aquello es un árbol y allí hay una casa, mesas, sillas…

Leo vuelve a hacer la contraseña y esta vez sí Timo le contesta. Se ponen muy contentos y Timo también. Inmediatamente lo liberan del pesado cesto que le han puesto encima.

Ilustración de Jesús Delgado

Avanzan un poco más, suben unas escaleras y encuentran lo que ellos identifican como el teatro.

—¡Es el teatro! —dijo Lucía. Por eso estaban ahí todas esas cosas que hemos visto.

Nos quedamos mirándolo todo. Era una sala muy grande con muchos asientos y pinturas hasta en el techo.

—¡Qué bonito es! —dijo Manuel—. Nunca habíamos visto un teatro así, ¿verdad Lucía?

Tenía unas ventanas muy altas por donde entraba la luz y se podía ver todo muy bien. Tenía varios pisos con balcones. Manuel y Lucía me explicaron que en muchos teatros hay asientos en los balcones. Yo lo miraba todo muy asombrado y Clarita y Timo, también.

—Quizá podamos salir por aquellas puertas —propuso Manuel.

Nos acercamos, pero estaban cerradas con llave.

—Aquí pone un letrero: «Luces del Paraninfo» —leyó Lucía. ¡Paraninfo! Esa palabra tan rara la vimos en el plano y no la entendimos.

—Así que es el teatro —siguió Manuel—. El Paraninfo es el teatro. Entonces tenemos que estar muy cerca de Cave canem IV A.

Aquello fue un gran descubrimiento. Habíamos estado tan pendientes de rescatar a Timo, que casi se nos había olvidado que estábamos buscando CAVE CANEM IV A.

Ilustración de Jesús Delgado

Ellos no saben qué es el Paraninfo y seguramente tú tampoco has oído nunca esa palabra. Es un lugar precioso de la universidad donde se hacen las grandes fiestas académicas y los actos más importantes. Esta es una foto.

 

Paraninfo de la Universidad de Deusto

Nuestros amigos han llegado al Paraninfo y eso significa que están a punto de descubrir CAVE CANEM IV A, el tesoro. ¿Dónde estará? Vuelven sobre sus pasos y se meten debajo del escenario del teatro o Paraninfo, un lugar oscuro, sucio y hasta con telarañas.

De pronto gritan:

—Allí al fondo hay un arca —señaló Manuel.

—¡El arca! —gritamos todos.

—Ve delante, Leo, ábrenos paso. Ya sabía yo que no me libraba de meterme entre toda aquella porquería.

—Yo te acompaño.

Y al lado del arca:

Al lado del arca, como llamaba Manuel a aquel cajón, apareció en la pared el azulejo: CAVE CANEM.

—¡Hurra, hurra! ¡Lo hemos encontrado! Estábamos seguros de que ese era el cajón que buscábamos. Tenía pinta de muy viejo; una cerradura unía la tapa con la parte de delante.

Se acuerdan de la llave que encontraron y que Leo tiene bien escondida. Va a buscarla como un rayo, sin que nadie le pare. Cuando quiere, Leo corre tanto que pasa totalmente desapercibido. Intentan abrir el arca. No es fácil porque seguramente en muchos años no se había abierto. Pero poco a poco:

—¡Ya va, ya va, está girando!

Hasta que lo consiguió. La llave dio la vuelta y cedió.

Ahora tenían que abrir la tapa, que parecía muy pesada. Lo hicieron entre los dos, porque nosotros ya no podíamos ayudarles.

—Ahora, Lucía, los dos a la vez.

Lo consiguieron. Delante de nuestros ojos teníamos el tesoro que habíamos buscado. El arca estaba llena de libros.

—¡LAS JOYAS!

Ilustración de Jesús Delgado

Están contentísimos han encontrado el tesoro que buscaban. ¿Qué harán ahora? Deciden dejarlo allí para ir, al día siguiente, a ver al Director de la biblioteca. Saben que se alegrará mucho con el hallazgo.

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