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El hallazgo de las joyas escondidas. Cap. 6º primera parte. El plano esconde nuevas pistas.

 

El hallazgo de las joyas escondidas. Cap. 6º primera parte. El plano esconde nuevas pistas.

Audio 10. El hallazgo de las joyas escondidas. Cap. 6º primera parte

Ilustración de Jesús Delgado 

Nuestros intrépidos amigos han tenido una estupenda aventura en la cocina. Leo se ha llevado un buen susto pero ha conseguido escapar de los escobazos de los hombres de negro. Allí han encontrado una llave y no han dudado de que era la de las joyas que están buscando.

Ilustración de Jesús Delgado 

Leo y Clarita hablan sobre las joyas. Leo le pregunta a Clara:

—Clara, ¿tú entiendes eso de las joyas?

—La abuela tiene una.

—Eso ya me lo has dicho y que la trajo de París. Pero, ¿qué son?, ¿el collar es una joya?

—No, Leo, el collar no lo es. Es otra cosa. Un adorno, como el lacito que yo me pongo.

—¿Eso son las joyas?

—Creo que lo mejor es que te lo explique la abuela.

La abuela estaba preparando la lección de solfeo para mis hermanas.

La abuela de Leo y Clarita quiere que sus nietos sean educados. Ya sabemos que le gusta mucho hablar en francés, como ahora cuando dice que la joya de su collar es muy belle, es decir, muy bella, muy bonita. Ellos la miran y a Leo no le parece nada especial: “una pelotilla colgando del collar”. La abuela les habla de Francia y de cuando sus abuelos hicieron el viaje. Eso les recuerda lo que les contó el padre jesuita.

Aquello del viaje ya nos sonaba. Nos había contado una vez que toda la familia se marchó a un gran viaje. ¡Otra vez el viaje!

—Abuela, y ¿cuándo fuiste de viaje?, ¿tú fuiste a París?

—No, no, yo nací allí. Mis abuelos salieron de aquí e hicieron el gran viaje. Yo soy francesa y, queridos Marie Clarie y Leonardo, yo quiero que seáis unos gatos con buenos modales. Os voy a enseñar un poquito de francés.

—Abuela, ahora no podemos, tenemos que marcharnos con esos niños educados como tú dices.

—¡Ah, los niños educados! ¡Invitadles a nuestra casa!

¿Tendrá relación el viaje del que habla la abuela con el que les contó el padre jesuita? Pues, seguramente, pero todavía no lo sabemos.

Cuando Lucía y Manuel llegan a la casa de Leo y Clarita proponen mirar bien el plano. Han traído la lupa y con ella pueden ver lo que a simple vista no leen.

Ilustración de Jesús Delgado 

Con la lupa, se veían muy bien las señales de CAVE CANEM con números y algunas letras.

—Esto es un I, ya sabemos, pero tiene al lado una letra, la A.

 Ya me estaba entrando el mareo. Encima de que me había tenido que aprender los números como los escribían los antiguos aquellos de Roma, ahora letras, que me gustan poco.

—Aquí está el I A —dijo Manuel.

—Y mira este es el II A —añadió Lucía.

—¿Habrá más?

Mi hermana Clarita ya estaba haciéndose la entendida como si comprendiera aquel lío de números y letras.

 —Sí, Clara —le respondió Lucía—, aquí hay otro: el III A.

—Tenemos que ver cuántos hay con números y la letra A.

 —Manuel, aquí hay otro; es el cuatro en romano IV A.

 La lupa les descubre que hay números romanos y además, letras. Leo se marea. ¡Vaya lío que se arma! Si ya era complicado ver los números, ahora tiene, además, letras.

Después de muchas vueltas, tratando de ver dónde están situados los números y las letras en el plano, encuentran una pista a seguir.

—¿Puede ser este el lugar de la cocina donde estuvimos? —preguntó  Lucía, al tiempo que señalaba un lugar en el plano.

—Sí, puede ser, tiene el número I A.

— ¡A ver! Mi hermana Clara se metía por medio, pero seguro que ella no entendía el plano aquel.

—Y el II A, está aquí. ¡Mirad! Manuel apuntó a otro lugar cercano.

—Entonces Cave canem I A es la señal donde estaba la llave.

 —¿Y Cave canem II A, qué será?

—Eso no lo sabemos, Lucía, pero sí sabemos ir, siguiendo el plano. ¡Anda, no sé cómo podía leerlo allí y entenderlo! Yo no podía y eso que me conocía el gran edificio hasta el último rincón.

 —Vamos allá —dijo muy seguro como si conociera el camino por donde teníamos que ir.

Sin darnos tiempo a más explicaciones salimos de nuestra casa. Llegamos a la cafetería y la bordeamos.

¿Dónde llegarán? Lo veremos el próximo día.

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