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El hallazgo de las joyas escondidas. Cap. 4. Otra visita a la enfermería. Primera parte.

 

 

 El hallazgo de las joyas escondidas. Otra visita a la enfermería. Primera parte.

Ilustración de Jesús Delgado 

Timo es un buen amigo de Leo. Es un perro, un sabueso, mientras que Leo es un gato, pero eso no les importa. Ellos son buenos amigos, a pesar de que sus familias están enemistadas desde tiempo atrás. Tú ya conoces esa historia. Los sabuesos y los gatos están en la creencia de que tienen una misión exclusiva que cumplir: cuidar la Universidad. Leo cuenta, en El secreto de CAVE CANEM, lo que les escuchó en una ocasión a su madre y a su abuela. Hablaban de tiempos antiguos y de una guerra entre las familias porque las dos creían que eran las elegidas para la defensa del gran edificio.

Ilustración de Jesús Delgado 

Yo no sabía muy bien qué era aquello, pero les escuchaba muy atento. La abuela decía que correspondía a nuestra familia y no a la de los sabuesos. No podían hacerse los dueños del territorio que era nuestro y nada más que nuestro. Una vez se enfadaron tanto que se pelearon. El abuelo de los sabuesos encabezaba un bando y mi abuelo el otro. Los dos estaban convencidos de que la gran misión les pertenecía. Como nadie quería ceder, se pelearon cerca de la carpintería. El abuelo de los sabuesos le dio un mordisco al mío que lo dejó cojo por mucho tiempo. Claro que el arañazo que se llevó aquel todavía le duele.

El secreto de CAVE CANEM

Desde entonces las dos familias están peleadas. Leo y Timo ya se han dado cuenta de que, en realidad, lo que hacen unos y otros es complementario y la tarea encomendada no es exclusiva ni de los sabuesos ni de los gatos. La hermandad de gatos tiene la misión de cuidar la biblioteca. Los gatos deben proteger el gran edificio, pero, sobre todo, tienen que cuidar los libros. Todos los días por la noche salen de cacería por todo el recinto en busca de las TONTONAS, como las llama Leo. Los sabuesos cuidan el jardín por las noches y así protegen el edificio de la Universidad. En este capítulo de El hallazgo de las joyas escondidas, Leo pregunta a Timo si recuerda la historia:

—¿Te acuerdas de la historia que contó tu abuelo cuando se hizo el gran edificio?

Que mis tatarabuelos cogieron a unos ladrones que querían robar y les dieron el título de Guardianes de la Noche del Gran Edificio y, desde entonces, salimos todas las noches por el jardín por si hay más ladrones. —Eso, parecido a la misión que dice mi abuela. Tu abuelo explicó que había una piedra que lo recordaba. —Sí, sí me acuerdo: «Para que todo el mundo sepa quiénes somos».

Es la piedra de los sabuesos, que tú ya conoces.

Esa piedra está encima de la casa donde vivieron los abuelos de Leo y Clarita hace años, antes de trasladarse a la que viven ahora.

.Ilustración de Jesús Delgado. Antigua casa de los gatos

Ilustración de Jesús Delgado . Casa actual de los gatos

Leo cuenta a Timo que ha descubierto él solito el misterio de cómo pudo el hortelano meter el baúl en la antigua casa de sus abuelos. Está muy orgulloso de haberlo logrado.

—Entramos por una puerta pequeñita, la gatera. Manuel y Lucía pudieron pasar, pero muy justos. Dentro estaba el baúl del tesoro. ¿Pero cómo lo habían metido, si por la puerta no cabía?

—¡Anda, qué misterio!

 —Pues lo he resuelto yo. ¡Con qué orgullo se lo dije! ¡Qué listo había sido! Le expliqué a Timo cómo me había caído al agujero y había descubierto el túnel.

—¿Y dices que ese río llega hasta mi casa?

—Sí, allí al final estaba la casa del hortelano, al lado de la vieja vaquería, donde tu hermana guarda los huesos.

 —No sé por qué lo hace, si yo no se los voy a quitar nunca.

Leo sigue contándole cómo han encontrado el rollo que ahora tratan de descifrar.

El próximo día, ya con Manuel y Lucía, les acompañaremos en la visita a la enfermería.

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