Un tesoro en Baelo Claudia. El rescate del tesoro
Un tesoro en Baelo Claudia. El rescate del tesoro

Lucio y Cástulo consiguieron salir del templo de Isis. Su amigo Marco, su padre y Luciano, el padre de Lucio, habían intentado encontrar a Lucio, pero no lo consiguieron ya que tuvieron que enfrentarse con los ladrones de atunes que les atacaron. Luciano recibió una puñalada y también Petronio, el padre de Marco, si bien en este caso no fue tan grave. El médico los trató y se quedaron recuperándose en el gimnasio, cercano al teatro.
Una vez sorteado el peligro de salir de la prisión de la sacerdotisa, Lucio volvió a su casa, acompañado de Cástulo, a quien le ofreció quedarse a vivir con ellos, ya que no tenía familia. Contó su aventura y en cuanto los jóvenes tuvieron ocasión decidieron volver al templo de Isis para recuperar el dinero.
Observaron la salida de la sacerdotisa y de su guardián Hércules y entraron por la parte trasera del templo. Allí había una piscina para las inmersiones de los iniciados en aquellos ritos. Tomaron la precaución de coger unas antorchas por si se encontraban con la cobra, que efectivamente salió a su encuentro.

Una cobra venía hacia ellos moviéndose con rapidez.
Se quedaron paralizados. Cástulo que llevaba la antorcha se acercó más a ella y trató de arrinconarla.
—Coged más antorchas, el fuego es lo único que les da miedo.
Pero no era tan fácil, pues no había tantas en las paredes y la siguiente estaba colocada más o menos por donde venía la serpiente.
A Lucio le daban mucho miedo todas las culebras y más un bicho como ese, muy peligroso. Se quedó paralizado. Un enorme temor a aquellos animales lo inmovilizaba, pero, al mismo tiempo, la conciencia de que tenía que recuperar su saco le hacía sentirse firme en su decisión.
—Pues yo tengo que pasar como sea hasta el cuarto donde está mi tesoro.
—Yo voy a tratar de arrinconarla.
Tenían que pasar hasta la estancia donde estaba el saco de Lucio. No era fácil porque la cobra se movía con gran agilidad, a pesar de que temía el fuego. Lucio consiguió llegar hasta el baúl del tesoro.
Lucio se quedó deslumbrado porque estaba lleno de collares, piedras preciosas entre las que creyó ver alguna esmeralda y su saco al fondo. No dudó y lo cogió: era suyo y no pensaba llevarse nada más. Salió con cuidado y volvió donde sus compañeros.
Querían salir rápidamente, pero las antorchas iban perdiendo luminosidad y sabían que era lo único que tenían para enfrentarse con la cobra. Debían llegar hacia la puerta de salida, bajando las escaleras hasta el tramo final.
Entonces vieron que la cobra empezaba a deslizarse por las escaleras con más agilidad de la que ellos habían sospechado. Nunca pensaron que estos animales podrían bajar la escalera. Marco y Cástulo tenían la cara llena de gotitas de sudor. Jamás se habían enfrentado con un peligro tan grande. Alcanzaron el piso donde estaba la piscina y en ese momento escucharon que Hércules y la sacerdotisa entraban por la puerta de la fachada.
—¡Están entrando, corred!
¿Lograran conseguir su objetivo? Os animo a leer el libro acompañando a nuestros amigos en sus aventuras. Espero que lo pasareis muy bien.
Mi intención es continuar las peripecias de nuestros jóvenes, Marco, Lucio y Cástulo en otra de sus aventuras. Se titula Robo en Itálica y allí veremos a nuestros amigos con el Poeta que los ha contratado en su compañía.






































