Compartiendo el disfrute. Platero y yo. Madrigal. CXXXI

 

Madrigal. CXXXI

Juan Ramón Jiménez, obra de Octavio Vicent. Moguer.

He elegido Madrigal para cerrar con esta página las entradas del blog dedicadas a Platero y yo, al menos por ahora. Quizá más adelante podamos volver a compartir el disfrute de otros textos. Hoy deseo hacerlo destacando el goce libre que nos produce la poesía, sin otra finalidad que la propia experiencia, como el vuelo de la mariposa que evoca el poeta. El regocijo del vuelo se asemeja a la acción creadora que Juan Ramón sintió y vivió como una tarea vital. Su dedicación a la poesía hasta el final de su vida no estuvo motivada por alcanzar una meta, un reconocimiento externo, sino por vocación, como un quehacer intrínseco del yo, en el deseo de encontrar su propia palabra.

Él pensó que el compromiso poético comienza en el poeta por ser un deber consigo mismo, un estado de entrega del yo, para terminar siendo una donación a los otros de su obra de belleza plenamente humana y humanizadora. Madrigal es una imagen de belleza, de poesía sin ripio y del deleite que nos invita a contemplar: “Cállate, Platero… Mírala. ¡Qué delicia verla volar así, pura y sin ripio!”. La acción creadora es gozosa y lo es también para nosotros lectores, si tenemos ojos para ella (Mariposas blancas II) y sabemos acoger las bellezas culminantes que nos dona la poesía.

 CXXXI

MADRIGAL

Mírala, Platero. Ha dado, como el caballito del circo por la pista, tres vueltas en redondo por todo el jardín, blanca como la leve ola única de un dulce mar de luz, y ha vuelto a pasar la tapia. Me la figuro en el rosal silvestre que hay del otro lado y casi la veo a través de la cal. Mírala. Ya está aquí otra vez. En realidad, son dos mariposas; una blanca, ella; otra negra, su sombra.

Hay, Platero, bellezas culminantes que en vano pretenden otras ocultar. Como en el rostro tuyo los ojos son el primer encanto, la estrella es el de la noche y la rosa y la mariposa lo son del jardín matinal.

Platero, ¡mira qué bien vuela! ¡Qué regocijo debe ser para ella el volar así! Será como es para mí, poeta verdadero, el deleite del verso. Toda se interna en su vuelo, de ella misma a su alma, y se creyera que nada más le importa en el mundo, digo, en el jardín.

 Cállate, Platero… Mírala. ¡Qué delicia verla volar así, pura y sin ripio!

 

 

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