El misterio del cisne negro. Rara avis. Cap. 7. La partitura

El misterio del cisne negro. Rara avis. Cap. 7. La partitura

Ilustración de Jesús Delgado

El descubrimiento de una partitura de música los ha dejado desconcertados. Sin embargo, el letrero de RARA AVIS estaba pegado encima del cajón oculto en la peana de San José, donde ha aparecido, y la misma partitura lo tiene, luego, no hay duda: es una clave cifrada y hay que descifrarla. 

Javier recuerda lo que había leído en un libro: las notas “se pueden utilizar como letras y, con ellas, se pueden hacer mensajes ocultos”.

Ilustración de Jesús Delgado

 ¿Cuál será la clave del código oculto? Enseguida piensan lo que puede ser. Las notas musicales son siete, pero además están las alteraciones, unos signos que modifican los sonidos. Recuerdan los sostenidos y los bemoles: siete notas, más siete bemoles, más siete sostenidos es igual a veintiuno. Gabriele toca el violonchelo y añade que también están los becuadros. Sumado todo da veintiocho notas. El reto está en cómo se relacionan las notas con las letras.

—Ahora tenemos que investigar cómo se corresponden las notas con las letras.

—Eso, Noam, como hizo aquel señor que descubrió una piedra con jeroglíficos. ¿Cómo se llamaba la piedra? —preguntó Pablo.

—¡La he visto! La he visto con mis padges. Está en Londres. Se llama Piedra Gosetta.

Trataron de recordar lo que ya les habían explicado en el colegio. Aquella piedra tenía jeroglíficos y la traducción al griego y a otra lengua que no recordaban.

—Claro, pues eso era más fácil porque estaban los jeroglíficos y la escritura de las otras dos lenguas. ¡A ver nosotros cómo lo hacemos!

Seguramente tú también conoces esta famosa Piedra Rosetta, un fragmento de una estela antigua en la que aparecen tres escrituras distintas del mismo texto: en jeroglíficos egipcios, demótico y griego antiguo. Gracias a que muestra el mismo contenido, los investigadores consiguieron la clave para descifrar los jeroglíficos egipcios. Fue un hallazgo muy importante.

Nuestros amigos están dispuestos a encontrar “la Piedra Gosetta de GAGA AVIS”. El desafío es grande porque la partitura tiene alteraciones, es decir, sostenidos, bemoles y becuadros, pero no tantos como hubieran deseado. Javier decide tocarla en el piano.

Al escuchar el piano, la madre de Javier que estaba trabajando en el despacho, se acercó a ellos.

—Eso es la Marcha de San Ignacio. ¿De dónde habéis sacado esa partitura?

—¿La Marcha de San Ignacio? —le preguntó Javier sorprendido.

—Sí, la conozco porque la solía tocar una tía de la abuela. Es muy bonita, muy alegre. Es el himno del santo que fundó la Compañía de Jesús, los jesuitas.

Pablo y Javier se miraron. Una chispa cruzó su cabeza. ¡Era la pista que buscaban!

—¡Gracias, mami!

Javier se levantó del piano y le dio un beso.

—Nos has dicho justo lo que necesitábamos, lo que estábamos buscando: San Ignacio.

Javier fue rápidamente a buscar la copia del plano del cisne, bien guardado en su cuarto.

Ilustración de Jesús Delgado

—Aquí está: R. S.C. S. I. O sea, traduciendo la piedra Rosetta de RARA AVIS: Residencia, Sagrado Corazón y San Ignacio.

Todos saltaron de alegría.

—¡Hurra! ¡Hurra!

—Las notas no eran jeroglíficos de letras. No hacía falta. La pista está más a la vista. Nosotros no conocíamos ese himno, pero los que formaban la red, sí debían conocerlo. Luego vamos a la iglesia —propuso Javier—. Ahora ya estará cerrada, pero la abrirán a la tarde.

¿Qué encontrarán en la iglesia de los Jesuitas? No nos cabe ninguna duda de que hallarán otra pista. ¡Hasta el próximo día!

 

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